El 16 de noviembre de 1532 marca un punto de inflexión irreversible en la historia de América. En la plaza de Cajamarca, la captura del Inca Atahualpa por las huestes de Francisco Pizarro no fue simplemente una victoria militar, sino el dramático y violento inicio de la Conquista del Tawantinsuyo y el origen de una nueva sociedad. Este evento sembró la semilla de lo que hoy conocemos como Perú: una nación forjada en la complejidad del mestizaje.
El Nacimiento de un Legado de Sangre
El proceso de mestizaje, la mezcla de la sangre indígena con la española, comenzó prácticamente desde aquel encuentro, contando con el respaldo de la Corona Española a través de la Real Cédula de 1514, dado 18 años antes de la llegada de los españoles al Perú, que permitió el matrimonio entre ambos grupos. La intención era integrar y asentar la nueva sociedad colonial. Sin embargo, el mestizaje no se detuvo ahí. El territorio que se convertiría en el Perú que luego se ha transformado en un crisol demográfico a lo largo de los siglos.
A la sangre originaria y la española, se sumaron, a
través de sucesivas olas migratorias, las aportaciones de:
- Población
Africana: Traída durante la colonia, su legado es fundamental en la costa
y en expresiones culturales como la música y la danza.
- Chinos y
Japoneses: Llegaron principalmente en el siglo XIX para la agricultura y
la construcción, dejando una profunda huella en la gastronomía y la
cultura.
- Italianos
y Alemanes: Arribaron en los siglos XIX y XX, contribuyendo a la
industria, el comercio y diversas tradiciones.
Este torrente de culturas, etnias y costumbres es lo que el insigne escritor José María Arguedas capturó magistralmente en su obra "Todas las Sangres". La realidad peruana es, por definición, una síntesis de estos aportes, una polifonía de identidades que conviven en un mismo territorio.
Hacia un Nacionalismo de Cohesión
La memoria de Cajamarca, con toda su carga histórica
de dolor y transformación, debe ser el punto de partida para una reafirmación
nacional que celebre su diversidad. La verdadera fuerza cohesionadora del Perú
radica, precisamente, en esta multiplicidad de orígenes.
El nacionalismo peruano del siglo XXI debe basarse en
la aceptación y el reconocimiento de estos lazos de sangre que nos unen, sin
importar el origen geográfico. Debemos aprovechar esta riqueza para:
- Unir Lazos
Sociales: Fomentar el respeto y la empatía entre las distintas
comunidades, reconociendo el valor de la herencia cultural de cada grupo.
- Celebrar
las Costumbres Nacionales: Valorar las festividades, los idiomas (nativos
y adoptados) y las tradiciones que son producto de esta vasta mixtura.
- El Tesoro
de la Mesa: La gastronomía peruana es el ejemplo más palpable de esta
integración. Platos como el lomo saltado (fusión china-peruana), el
anticucho (herencia africana) o el ceviche (con técnicas andinas y
costeras) son el resultado directo de la diversidad de personas que han
cocinado y compartido su historia en este suelo.
El Sabor de la Diversidad: Riqueza
Agroalimentaria
Esta diversidad humana se cimenta, además, en una
diversidad geográfica y biológica inigualable. El Perú es un centro de origen
genético de la agricultura mundial, productor de miles de variedades de:
- Tubérculos:
Como la papa, oca, olluco, camote.
- Leguminosas:
Como el tarwi (Chocho), pallar, pajuro o frijol gigante de los andes.
- Cereales:
Como la quinua, kiwicha, cañihua, maíz,
- Frutos:
Desde el lúcumo, cocona, maracuyá, tamarindo, palta, chirimoya, guaba y
cacao.
La riqueza de nuestros frutos, tubérculos leguminosas
y cereales no solo ha nutrido a nuestras poblaciones a lo largo de los
milenios, sino que también ha sido la base para la creación de nuestra
identidad culinaria mestiza. El consumo de estos alimentos autóctonos es un
acto cotidiano de nacionalismo nutritivo y cultural.
En conclusión, el 16 de noviembre de 1532 nos recuerda
el inicio de un camino que nos llevó a ser lo que somos: una nación de "Todas
las Sangres". La tarea pendiente es transformar esta rica y compleja
historia en una fuerza de unidad que promueva el progreso común, celebrando la
diversidad como el mayor patrimonio inmaterial del Perú.
Teniendo en cuenta que la población mestiza en el Perú
representa un aproximado del 90% esta fortaleza no ha sido utilizada
adecuadamente para cohesionar la nación.
